Siguiendo el rastro de Ramesh, un nepalés en la selva colombiana

Por Deepak Adhikari, con el reportaje de Nathan Jaccard y José Guarnizo*

Tres imágenes cuentan el viaje de este migrante nepalés, que atravesó 15 fronteras para llegar a los EE.UU.

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Mensaje escrito a mano en la pared de la escuela de Puente América, una ruina vacía hecha de grandes tablones de madera, se ha convertido en un refugio improvisado de migrantes Fotografía: José Guarnizo/ Semana

Para muchos migrantes, Puente América, fue el último paso antes del infierno. Esta aldea de 30 casas en Chocó, la provincia más pobre de Colombia, está a menos de 25 kilómetros de la frontera con Panamá si se dibuja una línea recta entre los dos puntos en el mapa. Sin embargo, no existen carreteras rectas en esta espesa selva.

Por lo general, a los viajeros que buscan una vida mejor en los países del norte de América no se les permite ir por medios de transporte regulares de Colombia a Panamá (aunque los hay, desde vuelos directos, lanchas rápidas, hasta senderos ecológicos).

Así que se ven obligados a tomar caminos peligrosos a través de la selva, como el que pasa por Puente América. Llegar a este pueblito es de por sí difícil, pero después, a los viajeros aún les faltan los peores días de camino. A veces van en lanchas rápidas por entre los manglares y, otras, van caminando por senderos resbalosos, para llegar a Juradó, un pueblo más grande en la Costa Pacífica de Colombia, y luego otra vez, toman una lancha para navegar por el río hasta Panamá hasta arribar al pueblo de Yaviza, donde empieza la carretera pavimentada que conecta con Ciudad de Panamá.

La escuela de Puente América, una ruina vacía hecha de grandes tablones de madera, se ha convertido en un refugio improvisado, donde muchos migrantes pasan una noche en su desalentador viaje. En 2015, un periodista colombiano, José Guarnizo, quien también participó en esta alianza periodística, viajó a Puente América, siguiendo el camino de los migrantes. Encontró firmas y saludos dejados por ellos en las frágiles paredes, como una Torre de Babel. Había mensajes escritos en hindi, inglés, nepalí, francés, bengalí y árabe, algunos de ellos con una fecha o un año junto a un nombre.

“Estuve aquí Ahmed Salah, etíope”. “Alhaji Abass de Mamobi”. “Bilal Warrakh, Pakistán”. “Zakari Ganiou le Beninois”. “Amo Bangladesh”. “Que Alá todopoderoso nos guíe”. “Vamos a USA”.

Faiz Almed Jewel, de Daca, Bangladesh, quien explicó que viajaba con otros dos compatriotas, dejó, pegado en la pared, un mensaje escrito a mano en el inglés básico que se podía comunicar:

"Nuestro destino es USA. Cuando tomé esta decisión aquella vez, no sabía que era un vía arriesgada. Esta es la petición especial a mi hermano: no creas en los intermediarios. Son tramposos, son mentirosos. No quieren explicarnos la verdadera historia de esta vía (...) deberías recordar mi consejo cada vez. Sólo recuerda a Alá (...) Intenta rezar el Santo Corán. Esta petición especial para advertir a mi hermano (...) realmente es muy peligroso montar los botes de velocidad a través de la selva. Finalmente, sólo reza por nosotros para un viaje seguro. También rezamos por ti. Que Alá nos salve. No malgastes tu dinero..."

La alianza periodística transfronteriza de Occrp, el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y otros 16 medios de comunicación, que produjo la investigación conjunta Migrantes de Otro Mundo, se propuso averiguar qué había sucedido con estos migrantes que habían pasado por el peligroso camino. Durante meses intentamos sin éxito buscarlos.

En 2019, el Occrp se puso en contacto con el periodista independiente nepalí, Deepak Adhikari, para que nos ayudara en la búsqueda. Pudo encontrar a un emigrante nepalí que escribió su nombre en la escuela de Puerto América, con el año 2015 al lado.

No revelamos el verdadero nombre del migrante, ya que prefirió no ser entrevistado, porque teme que pueda obstaculizar su proceso de inmigración en los Estados Unidos. Pero entrevistamos a su familia, algunos amigos y gente que conoce bien la vida del pueblo nepalí donde vivió.

Aquí está su historia.

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Comunidad de Kushma, Parbat, provincia de Gandaki, Nepal. Fotografía: cortesía Deepak Adhikari

1. 2014: Kushma, Parbat, provincia de Gandaki, Nepal

En la primavera de 2011, cuando Ramesh Pradhan, entonces de 28 años, se casó con una joven, esperaba que el vínculo durara toda la vida. Había regresado a su casa en Kushma, una pequeña ciudad enclavada en las ondulantes colinas de la provincia nepalí de Gandaki, después de cinco años como trabajador migrante en Corea del Sur. Cinco de sus amigos condujeron más de 150 kilómetros en sus motocicletas hasta Narayangadh para asistir a la ceremonia de la boda.

Pero en menos de un año, su matrimonio comenzó a deshacerse. "Los dos se separaron de manera amarga y abrupta", recuerda Binod Pokharel, un amigo. Antes de casarse, Pradhan había construido una casa de cemento y hormigón cerca del cruce principal de la ciudad.

Levantó la casa en un terreno que recibió de su padre, que se casó con otra mujer y está viviendo con ella en Katmandú. Le costó 1,2 millones de rupias (US$15.800).

Mientras Pradhan se establecía en su casa, docenas de jóvenes se fueron de esta ciudad bendecida por los ríos gemelos Modi y Kaligandaki.

No se dispone de cifras oficiales sobre los emigrantes que salieron hacia Estados Unidos, pero se dispararon entre 2012 y 2015, según un trabajador social local, quien pidió no se le identificara ya que su trabajo podría verse obstaculizado y quien conoce el tema bien. En un barrio de Kushma, 27 hombres de unas ocho familias han hecho el viaje a Estados Unidos.

Los datos de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos muestran que entre 2014 y 2019, 5 200 nepalíes fueron aprehendidos en el país, casi todos en la frontera sur.

Alrededor de 500 migrantes han emigrado a Estados Unidos desde Kushma, dijo el trabajador social. "Alrededor de 8-10 traficantes operan aquí. Cada uno de ellos ha traficado con migrantes, desde transportar a unas pocas decenas, hasta llevar a 200", dijo. Mientras que los jefes de las redes de tráfico viven en Katmandú y Nueva Delhi, los traficantes locales, que forman parte de las redes internacionales, explotan sus conexiones y la confianza que puedan tener en ellos los posibles migrantes.

"En primer lugar, es una sociedad muy cerrada y, en segundo lugar, los traficantes pueden haber enviado a uno de sus familiares a los Estados Unidos”, dijo la trabajadora social. "Así que todo se mantiene en secreto, a pesar de estar tan extendido".

Sólo una persona, Raju Paudel, que dirigía el Instituto de Informática y Multiservicios Manakamana en Kushma, ha sido condenado hasta ahora por delitos relacionados con tráfico de migrantes. El 17 de junio de 2019, el Tribunal de Distrito de Parbat encarceló a este hombre de 39 años durante un año y le impuso una multa de 10 000 rupias nepalesas (88 dólares).

Kushma tiene alrededor de 12 000 habitantes, pero alberga un gran número de instituciones financieras, entre las que se encuentran nueve bancos comerciales privados, tres bancos estatales, 250 cooperativas, cinco bancos de desarrollo y tres empresas de inversión. También hay sistemas informales de crédito y ahorro como el Dhukuti.

El sistema financiero no regulado o escasamente regulado es utilizado tanto por los traficantes como por las familias de los migrantes. Los migrantes recurren a ellos para obtener crédito y viajar.

El sistema financiero no regulado o escasamente regulado es utilizado tanto por los traficantes como por las familias de los migrantes. Los migrantes recurren a ellos para obtener crédito y viajar.

Parbat no es el único distrito con un gran número de migrantes que toman la arriesgada ruta localmente llamada Tallo Bato (literalmente “por el camino”, pero es más exacto traducirlo “la ruta de sur a norte”). En una docena de distritos en la región centro-occidental de Nepal hay contrabando de personas hacia Estados Unidos.

Oficiales de policía en la capital Katmandú dijeron que actualmente hay 5 000 nepalíes en camino hacia ese país. "Hemos llegado a esta cifra basándonos en nuestras investigaciones, incluyendo el testimonio de los migrantes que han sido deportados desde Estados Unidos, los traficantes que hemos arrestado, entre otros", dijo Ishwar Babu Karki, jefe de la Unidad Anti-Tráfico de la Policía de Nepal.

Su colega, Narahari Regmi, superintendente adjunto de la policía, calificó el tráfico de personas como uno de los delitos más graves que enfrenta Nepal. "Debido al tráfico, las aerolíneas internacionales a veces se niegan a abordar a un nepalí en sus aviones. Hemos pagado un alto precio por el contrabando de personas", dijo.

Sentada en las escaleras de la casa que Pradhan construyó antes de su viaje a Estados Unidos, Mithu Pradhan, su madre, dijo que su hijo se inspiró en los amigos que se fueron antes que él. "Uno por uno, sus amigos se fueron a América. Regresaron con dinero. Creo que él quería seguir sus pasos", dijo la mujer de 69 años.

"Me decía que tenía grandes sueños y que quería ir a grandes países", dijo. "Pase lo que pase, quiero llegar a América", recordó que le decía. "Era una cuestión de vida o muerte, pero no podía impedírselo”.

El matrimonio fallido, la falta de empleo y su deseo de ganar dinero parecieron haber llevado al joven a su viaje, dijeron sus amigos y familiares. "Tenía un estilo de vida caro. Solía salir de fiesta o salir de paseo", dijo su amigo Pokharel, dueño de una joyería en Kushma. Shrestha, su primo, estuvo de acuerdo: "Sus gastos eran muy altos, pero no tenía ninguna fuente de ingresos. Así que decidió ir a Estados Unidos". Pradhan se fue de Nepal en octubre de 2014.

Mensajes escritos por migrantes en la pared de la escuela de Puente América, una ruina vacía que se ha convertido en un refugio Fotografía: José Guarnizo / Semana

2. 2015: Puente América, Chocó, Colombia

En marzo de 2015, cinco meses después de haber iniciado el viaje, Pradhan se había alojado en Puente América, donde esta alianza encontró su nombre escrito en la pared de madera del refugio improvisado para migrantes.

Para llegar a este punto, Pradhan ya había pagado más de 5 millones de rupias (equivalente a unos 44 000 dólares) a los traficantes. Había cruzado las fronteras de la India, Tailandia, Rusia, España y Brasil y luego viajó por tierra a Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.

Para entonces, la ruta ya se había convertido en camino conocido para los migrantes desesperados que huían del desempleo, la pobreza y la inestabilidad política en Nepal.

Sunil K.C., un joven de 22 años de Kushma, que también atravesó el bosque tupido de Darién y fue deportado de regreso a casa desde Estados Unidos. Hace un año, dijo, había visto un documental sobre la ruta producido por CBS News en YouTube.

Nabin Gurung, un vecino y amigo de Pradhan, tomó el mismo camino en 2018. Cruzar la selva tropical entre Colombia y Panamá fue uno de los puntos más difíciles de su viaje. Le llevó a él y a su grupo ocho días cruzar a pie. A lo largo del camino, vio un cadáver y un hombre de la India con una pierna rota, varados en la selva. Fueron robados por hombres armados.

Gurung recordó vívidamente el agotador viaje a través de la ruta de 50 millas. "La jungla estaba tan mojada que no se podía caminar sin llevar botas de goma. Era tan densa que no pude ver el cielo durante toda una semana", dijo. "Si te enfermabas y no tenías medicinas, tus compañeros de viaje te dejaban morir solo", recordó. "Temíamos la muerte, el arresto y el robo. Subsistíamos con galletas, chocolates y agua". Había llevado un paquete de polvo de cebada tostada llamado Satu en Nepal, que mezcló con agua y bebió para combatir el hambre.

Pradhan, como lo hizo Gurung después de él, había llegado a Panamá en 2015. (En 2019, 243 nepalíes se habían registrado en el puesto fronterizo panameño hasta noviembre, según las estadísticas oficiales). Luego, como nos dijeron sus amigos, continuó a Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. Fue robado en América Central. Fue arrestado en México. Luego, pagó 500 000 rupias adicionales a los traficantes para cruzar a su destino, a donde llegó seis meses después de comenzar su viaje en Nepal.

3. 2020: Nueva Jersey, Estados Unidos

En los primeros años después de llegar a Estados Unidos, Pradhan trabajó en grandes almacenes de cadena en Baltimore, donde fue víctima de un par de robos, según contó su madre. Hace un año, se mudó a Nueva Jersey.

Una mirada a sus mensajes en Facebook e Instagram ofrece un vistazo de cómo es su vida en Estados Unidos. Una foto de portada en Facebook le muestra posando en Nueva York con un rascacielos como telón de fondo. Una búsqueda en su cuenta de Instagram reveló más: haciendo asados y pasando el rato con amigos en la ciudad.

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Otro indicio de su vida muestra un comentario de Instagram en una foto publicada el 2 de mayo de 2018: "¡Estás espléndido! ¡Ahora puedes casarte!" En una foto, posa bajo el cerezo en flor. En otra, está pasando el rato con sus amigos. Posando para fotos con ropa de marca y paseando por las playas, Pradhan parece estar viviendo su sueño americano.

No obstante, personas en Kushma dijeron que esas fotos presentaban en gran medida impresiones falsas sobre la vida en Estados Unidos y buscaban alentar a más jóvenes del pueblo a irse de casa. "Puedes monitorear sus vidas en Facebook. Ellos publican fotos de sus viajes a Nepal y sus paseos en Estados Unidos", dijo el trabajador social que ha estudiado la tendencia.

También sostuvo que, por otro lado, la migración ha tenido un impacto positivo en la ciudad. "La mitad de los jóvenes que emigraron ya han recibido tarjetas de residencia. Muchos de ellos han llevado a su familia a allá”, dijo. “Si un miembro de la familia consigue cruzar con éxito la frontera hacia Estados Unidos, la suya es una historia de éxito. La familia construye una casa de cemento y concreto con el dinero (enviado por el migrante)", dijo. "Envían a sus hijos a escuelas privadas donde se enseña en inglés. Compran coches nuevos y se van de vacaciones".

Otros como Binod Pokharel, el dueño de la joyería que intentó emigrar a Estados Unidos, pero fue disuadido por su padre, lo ven de otra manera. "Te lleva tres o cuatro años pagar las deudas contraídas después del viaje. En realidad, son los traficantes y los prestamistas locales los que se han beneficiado de este negocio, no los migrantes", dijo.

De hecho, los miembros de la familia de Pradhan dijeron que todavía debía parte del dinero que usó para llegar a Estados Unidos.
Pradhan había recibido el Estatus de Protección Temporal, que fue otorgado tras el terremoto de 2015 que mató a más de 9 000 personas en Nepal. Después de luchar su caso ante los tribunales de inmigración durante varios años, recientemente recibió una Tarjeta Verde (de residencia), según su amigo Nabin Gurung. "Me dijo que planea visitar Nepal durante Dashain (el festival anual de los hindúes en Nepal, que se celebra en septiembre/octubre)", dijo.

En la casa de Pradhan en Kushma, su madre anhela el día en que la angustiante espera de su hijo termine. "Pasó por muchas dificultades. Él es todo lo que tengo en la vida. Es mi único hijo", dijo. "Me hubiera gustado que se quedara conmigo para mi vejez."

Probablemente el coronavirus no les permitirá reunirse en muchos meses.

*Migrantes de Otro Mundo es una investigación conjunta transfronteriza realizada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), Occrp, Animal Político (México) y los medios regionales mexicanos Chiapas Paralelo y Voz Alterna de la Red Periodistas de a Pie; Univision Noticias (Estados Unidos), Revista Factum (El Salvador); La Voz de Guanacaste (Costa Rica); Profissão Réporter de TV Globo (Brasil); La Prensa (Panamá); Semana (Colombia); El Universo (Ecuador); Efecto Cocuyo (Venezuela); y Anfibia/Cosecha Roja (Argentina), Bellingcat (Reino Unido), The Confluence Media (India), Record Nepal (Nepal), The Museba Project (Camerún). Nos dieron apoyo especial para este proyecto: La Fundación Avina y la Seattle International Foundation.

Following the trail left in the Colombian jungle by Pradhan from Nepal

By Deepak Adhikari, with the reporting of Nathan Jaccard and José Guarnizo

Three images tell the journey of this Nepalese migrant, who went through 15 borders to reach the USA.

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English Caption

For many migrants, Puente América, was the last stage before hell. This hamlet of 30 houses is located in Chocó, the poorest province in Colombia. The village is less than 25 kilometers away from the border with Panama if you draw a line between the two points. However, there are no such things as straight roads in this thick jungle.

Usually travelers who are seeking a better life in the northern countries of the Americas are not allowed to go by regular means of transportation from Colombia to Panamá (even though there are several, including direct flights, speed boats, and ecological paths).

Hence, they are forced to take dangerous paths through the jungle, like the one that goes by Puente América. From this place, people have to make a trip of several days, sometimes on speed boats sorting out mangroves, or sometimes walking on slimy trails, to reach Juradó, a bigger town on Colombia´s Pacific Coast, and then again, on a boat to navigate by river into Panamá to arrive at Yavisa, a town where the paved highway that connects to Panamá City starts.

Puente America’s school, an empty ruin made of large wooden planks, has become a makeshift shelter, where many migrants spend a night in their daunting trip. In 2015, a Colombian reporter José Guarnizo, who has also participated in this journalistic alliance, traveled to Puente America, following the migrant path. He found signatures and greetings left by them on the flimsy walls, like a Tower of Babel. There were messages written in Hindi, English, Nepalese, French, Bengali and Arabic, some of them with a date or a year next to a name.

“I was here Ahmed Salah, Ethiopian”. “Alhaji Abass from Mamobi”. “Bilal Warrakh, Pakistan”. “Zakari Ganiou le Beninois”. “I love Bangladesh”. “May almighty Allah guide us”. “We are on the way to USA”.

Faiz Almed Jewel, of Dhaka, Bangladesh, who explained he was travelling with two other fellow countrymen, left, pasted on the wall, a hand-written message in the basic English he could communicate:

“Our destination is U.S.A. When I took this decision that time, I didn’t know it’s a riskable way. This is the especially request to my brother: don’t believe to broker. They are cheaters, they are liars. They don’t want to explain to us what real history about this way (…) you should remember my advice every time. Just remember Allah (…) Try to pray Holly Quran. This especially request to warn my brother (…) really it’s very danger just to ride the speed boats across the jungle. Finally just pray for us for safe journey. We also pray for you. Allah save us. Don’t waste your money…”

The journalistic transnational alliance of Occrp, the Center for Latin American Investigative Journalism (CLIP) and other 16 media outlets, which produced the joint investigation Migrants of Another World*, set out to find what had happened to these migrants who had passed such treacherous path. For months we tried unsuccessfully to look for them.

In 2019, Occrp contacted Nepalese freelance journalist, Deepak Adhikari, to help us on the search. He was able to find a Nepalese migrant who wrote his name in the Puerto America’s school, and next to it others had written the date 2015.

We are not revealing the migrant’s real name, as he preferred not to be interviewed, because he fears it can hamper his immigration process in the United States. But we interviewed his family, some friends and people who know well the life of Nepalese town where he lived.

Here is his story.

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Kushma community, Parbat, Gandaki province, Nepal. Photograph: Courtesy Deepak Adhikari

1. 2014: Kushma, Parbat, Gandaki province, Nepal

In the spring of 2011, when Ramesh Pradhan, then 28, married a young woman, he hoped that the bond would last for a lifetime. He had returned home in Kushma, a small town nestled in the rolling hills in Nepal's Gandaki province, after five years as a migrant worker in South Korea. Five of his friends drove over 150 kilometers on their motorbikes to Narayangadh to attend the wedding ceremony.

But in less than a year, their marriage began to unravel. "The two parted ways in a bitter and abrupt manner," recalled Binod Pokharel, a friend. Before getting married, Pradhan had built a cement and concrete house near the town's main junction. He built the house on a plot he received from his father, who married another woman and is living with her in Kathmandu. It cost him 1.2 million rupees (US$ 15,800).

As he settled down, dozens of young people made their way out of this town blessed with twin rivers called Modi and Kaligandaki.

Official figures aren't available for migrants who left for the US, but it spiked between 2012 and 2015, according to a local social worker, who tracks the migration trend. He asked not to be identified as his work could be hindered. Data from the United States Border Patrol shows that between 2014 and 2019, 5.200 Nepalese were apprehended in the country, nearly all of them in the south frontier. In one neighborhood of Kushma, 27 men from about eight families have made the trip to the US.

Around 500 migrants have migrated to the US from Kushma, the social worker said. "Around 8-10 traffickers operate here. Each has trafficked migrants from a few dozens to about 200," he said. While the lynchpins of the trafficking networks live in Kathmandu and New Delhi, local traffickers, part of the international networks, exploit their connections with and trust of the would-be migrants.

"First, it's a close-knit society and second the traffickers may have sent one of their family members to the US," the social worker said. "So everything remains a secret despite it being so widespread."

Only one person, Raju Paudel, who ran Manakamana Computer and Multiservice Institute in Kushma, has so far been convicted of crime related to trafficking. On June 17, 2019, the Parbat District Court jailed the 39-year-old for a year and fined him 10,000 Nepali rupees ($88).

Kushma’s population is around 12,000, but it hosts a large number of financial institutions including 9 private commercial banks, three state-owned banks, 250 cooperatives, five development banks and three investment companies. There are also informal credit and savings systems such as Dhukuti. The unregulated or loosely regulated financial system is used both by traffickers and the migrants' families. Migrants turn to them for credit and travel.

To raise the money for his perilous journey, Pradhan turned to the local moneylenders, who charged him an 18 percent interest. The entire trip cost him 5 million Nepali rupees, but he convinced his family that it was worth it because of the possibilities that lay ahead in the United States, according to his cousin Surya Shrestha. "He still owes around 1.2 million rupees to the money lenders," he said.

Parbat isn’t the only district with large number of migrants taking the risky route locally called Tallo Bato (literally down the road, but more accurately the route from south to north). A dozen districts in Nepal's mid-western region have emerged as centers for human smuggling to the US.

Police officials in the capital Kathmandu said in January that there were 5,000 Nepalese on their way to that country, via Latin America. "We have come up with this figure based on our investigations including the testimony of migrants who have been deported from the US, the traffickers we have arrested, among others, " said Ishwar Babu Karki, head of the Anti-Trafficking Unit of Nepal Police. His colleague, Narahari Regmi, a deputy superintendent of police, called trafficking one of the gravest crimes facing Nepal. "Because of trafficking, international airlines sometimes refuse to board a Nepalese in their planes. We have paid a heavy price due to human smuggling," he said.

Sitting on the stairs of the house Pradhan built before the trip to the US, Mithu Pradhan, his mother, said her son was inspired by friends who left before him. "One by one, his friends left for America. They returned with money. I think he wanted to follow in their footsteps," the 69-year-old woman said.

"He would tell me he had big dreams and wanted to go to big countries," she said "No matter what, I want to reach America," she recalled him telling her. "It was a matter of life and death, but I couldn't stop him (from going to the US).”

The failing marriage, lack of employment and his desire to earn quickly seemed to have driven the young man to the US, said his friends and family members. "He had an expensive lifestyle. He used to party and go on tours," his friend Pokharel, who owns a jewelry shop in Kushma, said. Shrestha, his cousin, agreed. "His expenses were very high, but he didn't have any source of income. So he decided to go to the US," he said. Pradhan left Nepal in October 2014.

Messages written by migrants on the wall of the Puente América school, an empty ruin that has become a refuge Photograph: José Guarnizo

2. 2015: Puente América, Chocó, Colombia

In March 2015, five months after he began the journey, Pradhan had stayed at Puente América, where this alliance found his name written on a wooden wall of makeshift shelter for migrants.

To reach this point, Pradhan had already paid more than 5 million rupees (USD 44,000) to the traffickers. He had crossed borders of India, Thailand, Russia, Spain, and Brazil and then travelled overland to Bolivia, Peru, Ecuador and Colombia.

By the time, the route had already become a well-trodden path for desperate migrants fleeing unemployment, poverty and political instability in Nepal. Sunil K.C., a 22-year-old from Kushma, who travelled through the Darien Gap and was deported from the US a year ago, said he had watched a documentary on the route produced by CBS News on YouTube.

Nabin Gurung, a neighbor and friend of Pradhan, took the same way in 2018. Crossing the rainforest between Colombia and Panamá was one of the hardest points of his journey. It took him and his group eight days to cross on foot. Along the way, he saw a corpse and an Indian man with a broken leg, stranded in the jungle. They were robbed by armed men.

Gurung vividly recalled the grueling trek through the 50-mile route. "The jungle was so wet that you couldn't walk without wearing rubber boots. It was so dense that I couldn't see sky for a whole week," he said. "If you fell ill and didn't have any medicines, your fellow travelers left you to die alone," he recalled. "We feared death, arrest and robbery. We subsisted on biscuits, chocolates and water." He had carried a packet of roasted barley powder called Satu in Nepal, which he mixed with water and drank to fight hunger.

Pradhan, as Gurung did after him, had arrived at Panama in 2015. (In 2019, 243 Nepalese had registered at the border point until November, according to official statistics) Then, as his friends told us, he continued to Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala and Mexico. He was robbed in Central America. He was arrested in Mexico. Then, he paid an additional 500,000 rupees to traffickers to cross into the US, where he arrived six months after he began his journey in Nepal.

3. 2020: New Jersey, United States

During the first years after he made it to the US, Pradhan worked at department stores in Baltimore, where he fell victim to robbery a couple times, according to his mother. About a year ago, he moved to New Jersey.

A search through his social media posts on Facebook and Instagram provided glimpses of his life in the US. A cover photo on Facebook showed him posing in New York with skyscraper as the backdrop. A search through his Instagram account revealed more: doing barbeque and hanging out with friends in the city. A hint of his life came from a comment on Instagram on a photo posted on May 2, 2018: "You look splendid! Now you may get married!" In one photo, he poses under cherry blossom. In another, he is hanging out his friends. Posing for photos wearing branded clothes and strolling along the beaches, Pradhan seems to be living his American dream.

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However, some people in Kushma said such photos not only presented largely false impressions about life in the US, but also fueled further migration of the youths back home. "You can monitor their life on Facebook. They post photos of their trip to Nepal and their outings in the US," the social worker who has studied the trend, said.

Nevertheless, he argued, migration has had a positive impact on the town. "Half of the young people who migrated have already received green cards. Many of them have taken their family to the US," he said. "If a family member manages to cross the border into the US, it is a success story. The family builds a cement and concrete house from the money (sent by the migrant)," he said. "They send their children to private English schools. They buy new cars and go on vacations."

Others such as Binod Pokharel, the jewelry shop owner who tried to migrate to the US, but was dissuaded by his father, see it in different way. "It takes you 3-4 years to pay back the debts incurred after the trip. Actually, it's the traffickers and local money lenders who have profited from this business, not the migrants," he said.

Indeed, Pradhan's family members said he still owed part of the money he used to get to the US.

Pradhan had received Temporary Protected Status, which was granted following the 2015 earthquake that killed over 9000 people Nepal. After fighting his case in immigration courts for several years, he recently received a Green Card, according to his friend Nabin Gurung. "He told me he is planning to visit Nepal during Dashain (the annual festival for Hindus in Nepal, which falls in September/October)," Gurung said.

Back at Pradhan's home in Kushma, his mother longs for the day the agonizing wait for her son is over. “He went through a lot of hardship. He's everything I have in life. He's my only child," she said. "I would have liked him to stay with me in my old days.”

Probably the Coronavirus will not allow them to reunite in many months.

***

*This story is a part of Migrants from Another World, a nine-month-long cross-border joint investigation by the Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), Occrp, Animal Político (México) and regional Mexican media Chiapas Paralelo y Voz Alterna for the website En el camino, of the Red Periodistas de a Pie; Univisión digital (US), Revista Factum (El Salvador); La Voz de Guanacaste (Costa Rica); Profissão Réporter de TV Globo (Brasil); La Prensa (Panamá); Revista Semana (Colombia); El Universo (Ecuador); Efecto Cocuyo (Venezuela); y Anfibia/Cosecha Roja (Argentina) in Latin América. The Confluence Media (India), Record Nepal (Nepal), The Museba Project (Camerún) and Bellingcat (Reino Unido) also collaborated with the investigation. This project was possible thanks to the generosity of La Fundación Avina and Seattle International Foundation